lunes, 2 de septiembre de 2013

=LIZ=

Llegué a casa a la vez que comenzaba a chispear y tenía pinta de ser una tormenta de verano. Me cambié rápidamente y me recogí el pelo en una coleta alta para que no se me enredada. La lluvia se fue intensificando y yo cada vez me sentía mejor, hacía tiempo que no llovía y me encantaba la lluvia. Llamaron a la puerta. Lentamente me levanté y abrí.
-Mike ha desaparecido-era Flynn y parecía destrozado.
-Pues hay que empezar a buscar y tengo una corazonada -él sonrió levemente.
-Tu siempre pareces decidida a todo. Mañana empezamos a buscar, de momento descansa -dijo simplemente y se fue por el pasillo.
-Tu también-dije suspirando y cerré la puerta.
Me metí en la cama y pronto caí dormida oyendo el repiqueteo del agua.
La niña entró corriendo en el salón con la cara surcada de lágrimas y corrió luego hasta debajo de la escalera. Sus pequeñas manos se apretaban contra su cara. El dolor no cesaba y la niña contenía los gritos para que ella no la encontrará. Se mordía con tanta fuerza el labio que empezó a sangrarle. La pequeña perrita se metió también debajo de la escalera y la niña la cogió y abrazó con una mano. La perrita la miró y se acurruco contra ella. Una mano cogió del brazo a la niña y la sacó de allí de un tirón. Su madre la miraba con locura en los ojos. El padre volvió a aparecer y cogió el brazo a la madre, ella gritó, la pequeña perrita le había mordido con todas sus fuerzas en la pierna. La madre salio de ahí gritando y el padre se arrodilló junto a la niña, le apartó la pequeña mano de la cara y la miro con horror.
Abrí los ojos empapada en sudor. Me levanté corriendo en dirección al baño y puse la cara debajo del grifo. Me miré al espejo y me concentré, allí estaba, la cicatriz en forma de media luna, como tinta negra. Aparté la vista del espejoy salí al balcón, empamandome, la lluvia era fuerte y salvaje, se salia de las alcantarillas y corría por las calles. No me moleste en usar mi poder para no mojarme. Me escurrí por la barandilla hasta quedar sentada en el suelo. Me abracé a mí misma y me encogí cerrando los ojos.
Quería llamar a Aarón pero me sentí mal por Will, últimamente estaba muy distante con él. De repente la cicatriz empezó a quemar y la voz de Colette resonó en mi cabeza. "Yo tengo a Mike, yo tengo a Eve...yo tengo a Aarón...hija mía, no puedes ganar, únete a mí y se feliz al lado de tu amor y tu mejor amiga...no puedes ganar"
-¡Déjame en paz, bruja!
Abrí los ojos y sentí que tenía razón, no podíamos ganar. "Te lo dije, puedes perder y ser encerrada...o ser feliz"
-¡Sal de mi cabeza!-grité más alto.

No lo aguanté más. Llamé a Aarón y al momento el estaba arrodillado junto a mí. El agua empezaba a empaparle y la lluvia comenzó a resbalarse por su cabello mientras la camiseta se le iba pegando al cuerpo. Me cogió de la mano y me ayudó a levantarme. Me abracé a él, sentí que si me soltaba me caería. "Él no soporta ver llorar a nadie por algo que pasó y tu juraste no llorar por algo que pasó...bonita coincidencia" murmuró Colette en mi cabeza.
-Colette-murmuró Aarón serio, al parecer, el también lo había oído. "Aarón...no seas aguafiestas, solo intento divertirme"
-Vete-dijo desafiante.
"Está bien...está bien mi querido magito, gracias otra vez por traerme a Mike"
Aarón soltó una palabra bastante malsonante.
-Tu te lo llevaste-dije casi susurrando.
-Lo siento...tenia que hacerlo...yo...
-Lo sé, Aarón, tu hermano...
-¿Cómo...
-Una vez te vi mientras Colette decía que si no atacabas s Eve le haría algo a tu hermano...
Cerré los ojos cansada.
-Lizzy, tengo algo para tí.-Me puso al lado de la barandilla para que me agarrara y no perdiera el equilibrio. Aarón acunó las manos y entre ellas apareció una maraña de pelo blanco. Subí la mano para que la lluvia no mojara aquello que Aarón tenía entre las manos. Abrí mucho los ojos.
-¿La perrita Dama?-dije, así es como llamába a la perrita que tube en Noja <<Perrita Dama>>
-En teoría es su hijo-dijo Aarón sonriendo. El pequeño perro blanco alzó la cabeza e hizo un ladrido feliz.
-Vamos dentro antes de que coja un resfriado-dije entrando en la habitación, con un pequeño movimiento de manos me deshice de todo el agua y la humedad que teníamos y cerré las puertas de la terraza.
Aarón dejó al perro en el suelo y el empezó a corretear por la sala hasta que se acurrucó a mis pies.
-Muchísimas gracias , Aarón, en serio.-el perrito ladró apoyando mis palabras.
-De nada¿Cómo lo vas a llamar?-dijo sentándose en un lado de la cama.
Cogí al perrito y lo miré de cerca, él me lamió la mejilla y yo sonreí.
-Noah, se llama Noah ¿verdad, pequeño? -pregunté y el ladró feliz.

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